lunes, 21 de diciembre de 2015

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La vida leída. Alejandro F. Orradre

Nueva lectura que me ha tenido con sentimientos encontrados, por un ladolas buenas ideas que concurren en la trama, el escenario idoneo para dejar correr la imaginación y la trama atrayente en un principio. Del otro lado ciertos detalles que te hacen ir con cuidado en su lectura, más atento de lo normal , para terminar con la impresión de haber necesitado esta lectura pero que sabes que podía haberte convencido mucho más.

Título: La vida leída.

Autor: Alejandro F. Orradre.

Editorial: Autopublicado.

Año: 2014.

Género: Drama, narrativa contemporanea.

Páginas: 485 páginas.

ISBN: 9781505686500

Precio: 12,35 euros papel. 0,99 euros digital



Sinopsis:

En el remoto Guardabarros, pueblo imaginario de la España rural, uno de sus habitantes empieza a leer libros de una manera compulsiva. Su familia tratará de cambiar por todos los medios esa inesperada situación. 

Al mismo tiempo Bruno, un chico de quince años, llegará desde Barcelona para pasar las vacaciones de verano y así alejarse del proceso de divorcio de sus padres. En el pueblo descubrirá que su visión del mundo y de las personas dista mucho de ser una verdad universal; comprobará en sus propias carnes que los sentimientos tiemblan ante los cambios, conocerá el amor y afrontará las consecuencias de pasar de la adolescencia a una incipiente madurez. 

(sinopsis facilitada por el autor)



Autor:


Alejandro F- Orradre (Barcelona, 1985). Empezó a escribir relatos a los dieciocho años pero no fue hasta mucho después que se atrevió a publicarlos en un blog y más tarde tras la insistencia de sus amigos los recopiló en el libro La colina de Francis Turgus y otros relatos. A finales del 2014 y de forma también autopublicada, salió a la venta su primera novela La vida leída.  Actualmente se encuentra inmerso en su segunda novela.





Impresiones:

La vida leída bien podría ser el título que muchos quisieran para sí, una vida llena de lecturas, alejadas de la triste realidad, tener tiempo para poder leer todo lo que se desea. Lo importante es que cuando uno piense en libros, esto sea sinónimo de disfrute y regocijo y algo de eso hubo, entre este del que hoy os traigo la reseña, y yo cuando descubrí. Su título y posteriormente su portada,  fueron un autentico flechazo, sin abrirlo aún, sin comenzar a leerlo y ya imaginé cientos de argumentos posibles, esperanzado en que como muchas lecturas, me hicieran pensar, relacionar, evocar o simplemente recordar lugares y momentos.

La historia transcurre en la población ficticia de Guardabarros, un lugar que parece que sobrevive al tiempo y donde las horas del reloj pasan lentamente entre el tedio, protagonista de las tardes de calima y las lluvias torrenciales de un extraño verano de tormentas. Por eso cuando Ray, un chico del pueblo que  sin ninguna explicación comienza a leer compulsivamente una novela tras otra, hace que lo extraño del suceso atraiga a una legión de periodistas que acamparan a la puerta de su casa, a la espera de una buena exclusiva o de la noticia del año. A l mismo tiempo Bruno, un chico de quince años proveniente de Barcelona llega al pueblo para pasar el verano en casa de su tía Merceditas y así alejarse de las negociaciones de divorcio que han comenzado sus padres.

Esta será la historia de Ray, su familia envuelta en una pesadilla ante el comportamiento del chico que pasa las horas en el porche de su casa amontonando pilas y pilas de libros en su lectura sin fin. Será la historia de Bruno, en una edad donde se descubren muchas cosas como el alcohol, el amor, el sexo y las amistades que nacen de forma casual y espontanea.

No podía encontrarme con mejor panorama en sus orígenes, poco a poco y lentamente me fue atrapando en el trascurrir de sus páginas, gustándome lo que leía pero sin adivinar muy bien hacia donde me llevaban la historia ni el autor. Pero eso no me importaba, puesto que veía tanto potencial en los sucesos, los personajes y el escenario, un Guardabarros que parecía un agujero oscuro en el tiempo, un pueblo atrapado en el presente con imágenes del pasado. Todo ello sumido en un ambiente agobiante que por momentos asfixiaba y que en ciertas partes evocaba maravillosamente a lugares como Cien años de soledad. Sé que son palabras mayores pero mi imaginación es libre y asocia ideas como le viene en gana y me permito esas pequeñas licencias para disfrutar mucho más de mis lecturas.

Una lectura que estaba siendo más que placentera hasta que de pronto, quedé en tierra de nadie, Ray había desaparecido, un personaje cuya participación se me hacía fundamental, quedaba relegado a un papel simbólico para ceder el testigo a su madre, su hermana y a Don Servando, un cura muy peculiar y que si bien, fui considerando cada vez más interesante, terminó por resultarme antipático y repetitivo en su comportamiento. Bruno deambulaba de un lado para otro del pueblo descubriendo cosas que invitaban a seguirle pero sin conseguir atraparme, sin recordarme a ese chic@ que fuimos hace años, aquell@s que pasamos los veranos en el pueblo y vivimos muchas aventuras llamadas “mi primera vez”.

“A medida que cumplimos años, los acumulamos en nuestro interior, no los desechamos”

Por suerte, y a pesar de que Bruno me llevó en algunos compases a ese Camino de Delibes (otra licencia que me permito), en algunos momentos dejó de ser el compañero de aventuras que uno se echaba en el pueblo, cosa que me apenó bastante porque hasta ese momento, el autor consiguió que volviera a tener quince años para terminar rompiendo con él porque en ocasiones su lenguaje y su manera de actuar no me terminaban de parecer trigo limpio. Palabras como “congoja” y similares y frases y reflexiones puntuales me hicieron pensar que tal vez se trababa de un joven de treinta  años, el que hablaba por boca de Bruno, más que un adolescente de quince.

Los personajes son interesantes, tienen mucho que dar y por ese motivo  he tenido la impresión que  Bruno, Ray, Guzmán el periodista, eran protagonistas ideales para crear en torno a ellos unas historias mucho más desarrollada y que les ha faltado recorrido.

Al final de la novela, el acierto de su autor en cerrar de forma muy aceptable una trama que en algunos momentos me hizo temer por su conclusión me convenció para calificar esta novela como recomendable, para todos aquellos que sepan hacer ciertas concesiones a los autores noveles, quieran recordar épocas pasadas en pueblos de nuestros abuelos y disfrutar de ciertas reflexiones salpicadas a lo largo del libro que se agradecen, junto con ciertos toques de metaliteratura.

“Las casualidades no son nada más que el vestigio de un destino fragmentado en millones de vidas”.
Espero que Alejandro Orradre siga escribiendo porque sus ideas y su estilo son buenos, prometedores, pero debe cuidar aún muchos detalles que hacen que a su literatura le falte algo llamado experiencia.

8 comentarios:

  1. No termina de llamarme esta vez así que lo dejo pasar.
    Besotes y felices fiestas!!!

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  2. Fue una lectura difernte. También me sorprendío que desapareciera Ray del panaroma.

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  3. No me atrae demasiado, pero tampoco descarto leerlo.
    Un beso :)

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  4. En esta ocasión no lo tengo claro. Gracias por tu reseña.

    Besos

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  5. Tengo esta novela pendiente de lectura pero no termina de convencerme. Un abrazo.

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  6. La verdad es que la sinopis tiene una pinta excepcional y solo por eso yo me lanzaría a leerla. Besos.

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  7. Este creo que lo dejo pasar =)

    Besotes

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  8. ¡Hola! No lo conocía, pero en verdad no me llama mucho la atención, así que creo que lo dejaré pasar. Aún así, ¡gracias por la recomendación! :)

    Ya te sigo, y espero que podamos ser seguidores y que también puedas pasar por mi blog: http://debibliomanias.blogspot.com
    Mucho gusto, ¡y nos estamos leyendo! :)

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SEVILLA, ANDALUCIA
Un lector errante, con mil aficiones entre las que un buen libro es un refugio perfecto para devorar en el camino de la vida. Si quieres comentarme algo: elcapifer@gmail.com

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